sábado, marzo 28, 2009
sábado, marzo 01, 2008
Sobreposicion de Sistemas de Orden
“El que se apura en la patagonia pierde el tiempo...”
Lo hemos dicho una y otra vez quienes vivimos en Aysén, en la patagonia occidental como al otro lado del alambre. Sin embargo, ha llegado el momento de movilizarse, de anticiparse a los cambios que genera la globalización, de re_generar la cultura patagónica.
Lo hemos dicho una y otra vez quienes vivimos en Aysén, en la patagonia occidental como al otro lado del alambre. Sin embargo, ha llegado el momento de movilizarse, de anticiparse a los cambios que genera la globalización, de re_generar la cultura patagónica.
La sobreposicion de las macro redes globales por sobre las locales da lugar a zonas de conflicto, de fricción. Contraposición de intereses que requiere de un espacio mediador, que unifique propuestas y puntos de vista. Es imperativo transformarse en agente activo ante estos nuevos hechos, en una nueva colonización, refundar el territorio renovando la identidad y reforzando las relaciones sociales.
A propósito de la llegada de la carretera en caleta tortel y de la conectividad tardía de la zona sur de la región de aysen a las redes globales, los cambios en la condición _ relación ESPACIO TIEMPO, la modificación abrupta de las relaciones sociales y cotidianas, la transculturizacion evidencia la simultaneidad de los tiempos históricos, reduciéndolo a uno global.En esta perdida de lo local, perdida de identidad (no de evolución sino de implantación de nuevos modelos).Surge la necesidad de generar respuestas locales, nuevos espacios que contribuyan en la unificación, rescate y construcción de una nueva imagen_identidad del territorio.
En este contexto se otorga una plataforma de encuentro, de dialogo y difusión de la cultura patagónica, como autentico acto de expresión social...
Represas en Aysén
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Dicen que aprendieron de Ralco. Observando de cerca el proceder de Endesa en la zona sur de Aysén, no está muy claro a que se refieren con eso. Se supone que uno debe extraer las cosas buenas de cada experiencia. Pero como todo el mundo bien sabe -lo otro es hacerse el loco- no se portaron muy bien en el Alto Bío Bío, tampoco lo hizo el Estado chileno. Se hace verdaderamente difícil establecer cuál de las dos actuaciones fue más vergonzosa. Pero una cosa es averiguarlo mientras uno revisa el historial de la empresa eléctrica y el rol que tuvo el Gobierno de la época en el desarrollo de ese proyecto, y otra muy distinta es constatarlo aquí en La Patagonia.
Si repetimos el ejercicio para el proyecto en Aysén, la vergüenza es la misma. El primer caso ya es historia y no debiera repetirse en un país que pretende ser serio y hacer las cosas bien en todas las materias. Eso supone una nueva oportunidad, hasta ahora desaprovechada. Es evidente que la manera de actuar de la eléctrica se repite y parece más una suerte de modus operandi que otra cosa, al menos así ha quedado demostrado a orillas del Baker y Pascua. Lo han sufrido en carne propia los campesinos del sur de Aysén, quienes se han visto sobrepasados y han tenido que constatar ingresos ilegales por parte de Endesa y sus empresas contratistas en los que han desarrollado estudios de sondajes, entre otros, sin autorización ni del Estado ni de los propios dueños de los campos, quienes han visto en sus terrenos camionetas, helicópteros y cuadrillas de trabajadores operando sin ningún permiso. Constan denuncias presentadas en la fiscalía de Cochrane.
Todo esto ante un gobierno y autoridades locales que se han caracterizado por hacerse los ciegos, sordos y mudos. Porque si la empresa se ha dado el lujo de trabajar sin autorización en terrenos del Estado chileno, qué se puede esperar en las tierras de los pobladores que viven en zonas de difícil acceso, con escasa información y sin ninguna capacidad para establecer acuerdos en iguales condiciones con una transnacional poderosa y con carta blanca para operar, o sea, en completa indefensión.
Claramente los intereses de la eléctrica no están por respetar el medio ambiente y las comunidades locales al momento de hacer sus estudios o represas. Que digan eso en cuanto seminario han expuesto su proyecto es otra cosa. Al ver lo ocurrido en Cochrane y sus alrededores queda claro que cuando hablan de una lección aprendida se refieren a una cosa distinta a la que un aysenino bien intencionado podría suponer. Eso explica la desconfianza aprendida que hoy existe tanto de parte de los campesinos dueños de predios como de los opositores frente a la empresa, al Gobierno y al Estado.
Como todo el mundo bien sabe, esto no es una campaña política: de un lado quienes están a favor, y de otro, aquellos que están en contra de las represas. No será la gente la que decidirá finalmente si va o no el proyecto, así que no hay que “convencer” a nadie de los discutibles beneficios que traería el proyecto para nuestra región. Debe ser por eso el silencio de ciertas autoridades, dejando afuera a los que lamentablemente si se han expresado en los últimos meses señalando que el proyecto es tan necesario como inevitable, ambas cosas muy discutibles. Ante esto, el interés de la empresa se centra no en contar con el apoyo de las comunidades, pues ni lo necesita ni les importa, más bien les interesa generar la percepción en la opinión pública de que esto se viene y no hay más que hacer, porque el sentimiento de resignación se esparce solo. Todo esto mientras siguen desarrollando los estudios y prospecciones sin la autorización necesaria y mientras los organismos del Estado miran para otro lado, cuestión que no es rara ni nueva, porque Aysén nunca fue prioridad para el país. Lo dañino de esa prácticas es que hay gente que si cree en esas señales, muy potentes por lo demás. Y también hay quienes se hacen expectativas y dejan volar más de la cuenta su imaginación soñando con todo tipo de progresos para la región. Incluso con cosas que -para ser honestos- ni Endesa ha prometido en sus presentaciones. De todas formas algo se ha avanzado. Hace un año había quienes daban el visto bueno al proyecto sin siquiera conocerlo ni habiendo sido presentado formalmente. La desinformación era tal que “aprovechando” el proyecto hidroeléctrico de Aysén pedían a Endesa “si era posible” entregar recursos para costear una docena de becas para los estudiantes de Cochrane, mientras otros solicitaban si (también) “era posible” que la empresa cambiara el nombre de Central Baker 1 por el de Cochrane, para que nuestra comuna “suene” -léase promocione turísticamente-.
Afortunadamente buena aparte de la ciudadanía se ha informado y hoy participa activamente siendo capaz de plantear el tema y abrir el debate, y eso es mérito de la sociedad civil. Pero para eso ha sido necesario ganarse su espacio porque lamentablemente en este país, y en particular en esta región, no existe una verdadera cultura de participación ciudadana. Pues bien, aunque las agrupaciones comunitarias, productivas y ambientales, entre otras, no estén mandatadas para ello, deben seguir velando por que al menos se respete la normativa pues hace rato que el proceso no está pasando la prueba de la blancura. Es precisamente por eso que la sociedad civil debe permanecer atenta y seguir observando de cerca el proceder de la empresa eléctrica y el Estado y no permitir que nuevamente los intereses económicos de transnacionales se impongan sobre el legítimo derecho a vivir en nuestra reserva de vida. Como bien dice un amigo que vive a orillas del Baker, no estamos para alimentar perros ajenos.
Si repetimos el ejercicio para el proyecto en Aysén, la vergüenza es la misma. El primer caso ya es historia y no debiera repetirse en un país que pretende ser serio y hacer las cosas bien en todas las materias. Eso supone una nueva oportunidad, hasta ahora desaprovechada. Es evidente que la manera de actuar de la eléctrica se repite y parece más una suerte de modus operandi que otra cosa, al menos así ha quedado demostrado a orillas del Baker y Pascua. Lo han sufrido en carne propia los campesinos del sur de Aysén, quienes se han visto sobrepasados y han tenido que constatar ingresos ilegales por parte de Endesa y sus empresas contratistas en los que han desarrollado estudios de sondajes, entre otros, sin autorización ni del Estado ni de los propios dueños de los campos, quienes han visto en sus terrenos camionetas, helicópteros y cuadrillas de trabajadores operando sin ningún permiso. Constan denuncias presentadas en la fiscalía de Cochrane.
Todo esto ante un gobierno y autoridades locales que se han caracterizado por hacerse los ciegos, sordos y mudos. Porque si la empresa se ha dado el lujo de trabajar sin autorización en terrenos del Estado chileno, qué se puede esperar en las tierras de los pobladores que viven en zonas de difícil acceso, con escasa información y sin ninguna capacidad para establecer acuerdos en iguales condiciones con una transnacional poderosa y con carta blanca para operar, o sea, en completa indefensión.
Claramente los intereses de la eléctrica no están por respetar el medio ambiente y las comunidades locales al momento de hacer sus estudios o represas. Que digan eso en cuanto seminario han expuesto su proyecto es otra cosa. Al ver lo ocurrido en Cochrane y sus alrededores queda claro que cuando hablan de una lección aprendida se refieren a una cosa distinta a la que un aysenino bien intencionado podría suponer. Eso explica la desconfianza aprendida que hoy existe tanto de parte de los campesinos dueños de predios como de los opositores frente a la empresa, al Gobierno y al Estado.
Como todo el mundo bien sabe, esto no es una campaña política: de un lado quienes están a favor, y de otro, aquellos que están en contra de las represas. No será la gente la que decidirá finalmente si va o no el proyecto, así que no hay que “convencer” a nadie de los discutibles beneficios que traería el proyecto para nuestra región. Debe ser por eso el silencio de ciertas autoridades, dejando afuera a los que lamentablemente si se han expresado en los últimos meses señalando que el proyecto es tan necesario como inevitable, ambas cosas muy discutibles. Ante esto, el interés de la empresa se centra no en contar con el apoyo de las comunidades, pues ni lo necesita ni les importa, más bien les interesa generar la percepción en la opinión pública de que esto se viene y no hay más que hacer, porque el sentimiento de resignación se esparce solo. Todo esto mientras siguen desarrollando los estudios y prospecciones sin la autorización necesaria y mientras los organismos del Estado miran para otro lado, cuestión que no es rara ni nueva, porque Aysén nunca fue prioridad para el país. Lo dañino de esa prácticas es que hay gente que si cree en esas señales, muy potentes por lo demás. Y también hay quienes se hacen expectativas y dejan volar más de la cuenta su imaginación soñando con todo tipo de progresos para la región. Incluso con cosas que -para ser honestos- ni Endesa ha prometido en sus presentaciones. De todas formas algo se ha avanzado. Hace un año había quienes daban el visto bueno al proyecto sin siquiera conocerlo ni habiendo sido presentado formalmente. La desinformación era tal que “aprovechando” el proyecto hidroeléctrico de Aysén pedían a Endesa “si era posible” entregar recursos para costear una docena de becas para los estudiantes de Cochrane, mientras otros solicitaban si (también) “era posible” que la empresa cambiara el nombre de Central Baker 1 por el de Cochrane, para que nuestra comuna “suene” -léase promocione turísticamente-.
Afortunadamente buena aparte de la ciudadanía se ha informado y hoy participa activamente siendo capaz de plantear el tema y abrir el debate, y eso es mérito de la sociedad civil. Pero para eso ha sido necesario ganarse su espacio porque lamentablemente en este país, y en particular en esta región, no existe una verdadera cultura de participación ciudadana. Pues bien, aunque las agrupaciones comunitarias, productivas y ambientales, entre otras, no estén mandatadas para ello, deben seguir velando por que al menos se respete la normativa pues hace rato que el proceso no está pasando la prueba de la blancura. Es precisamente por eso que la sociedad civil debe permanecer atenta y seguir observando de cerca el proceder de la empresa eléctrica y el Estado y no permitir que nuevamente los intereses económicos de transnacionales se impongan sobre el legítimo derecho a vivir en nuestra reserva de vida. Como bien dice un amigo que vive a orillas del Baker, no estamos para alimentar perros ajenos.
Carlos Garrido Moneva_Periodista
Agrupación Defensores del Espíritu de La Patagonia
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